domingo, 25 de enero de 2015

Traumas Infantiles

Yo, el infame día que mordí una torta atascada de mayonesa...

Con el tiempo cambiamos constantemente, si comparáramos al "yo-actual" con el "yo-niño" estoy seguro que nos encontraríamos con dos personas completamente distintas, incluso si nos comparamos con el  "yo" de hace un par de años, sería muy raro que nos encontráramos con la misma persona, bueno, más que raro sería deprimente, cuando alguien dice "Plis nunk cambies, vales mil", le está pidiendo algo imposible y (sinceramente) estúpido, cambiamos irremediablemente. Sin embargo, la infancia es importante, de ahí vienen algunas costumbres, fobias, y por supuesto los traumas; que por más que cambiemos, siguen ahí, por el resto de la vida. 



Un buen día a mi madre se le ocurrió ponerme huaraches porque a su parecer hacía demasiado calor y consideró que mis piecitos debían mantenerse frescos. Yo no quise usarlos, pero mi madre me los puso a huevo. El resultado ya se lo imaginarán: nunca más en mi vida quise usar huaraches, no tengo ni un par de esas cosas en mi armario, los odio con todo mi ser. Sólo puedo usar crocs o similares, porque es tanto mi repudio a los huaraches que si debo usar sandalias o algún derivado, prefiero que sean lo más parecidos a un zapato. En mi puta vida volveré a usar huaraches, eso representa un gasto porque debo comprar enormes cantidades de talco para que no me apesten las patas, pero es un precio que estoy dispuesto a pagar. 

No puedo con ellos... claro, que los usen otras personas me da igual,
pero a mí me cagan.

Otro buen día, mi tía nos compró unas tortas para comer. A mí me dieron una de pollo, las primeras dos mordidas estuvieron bien, ya tenía mucha hambre, pero cuando llegué casi a la mitad, se desató el infierno. El cabrón que hacía las tortas embarró mal el pan de mayonesa, toda la puta mayonesa se encontraba a la mitad de la torta. El sabor llenó mis pequeñas papilas gustativas, quise vomitar, de hecho creo que de verdad vomité. El resultado: el sabor me da mucho asco, puedo detectar mayonesa en cualquier comida por muy poca que contenga. Éste trauma lo manejé un poquito mejor, con el tiempo desarrollé tolerancia y la puedo comer en cantidades mínimas, sin embargo prefiero mantenerme alejado de ella. 

¡Aléjate de mi Satanás!

Supongo que llevaré esos dos traumas el resto de mi vida, ya no hay manera de condicionarme para revertir el efecto. Me estoy quedando sin talco, así que los dejaré con una cancioncilla ¡Hasta otra grumetes!

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