martes, 9 de agosto de 2016

Sobre la Soledad.

Había un muchacho llamado Soledad en mi escuela,
siempre pensaba en esta canción, pero nunca me atreví a cantársela ¿O sí? No recuerdo.
Ow y es la primera vez que veo la cara de Amaia Montero,
después de pinche mil años de escucharla en Estereo Poya.
Este pie de vídeo es estúpidamente largo.

En los grupos de Whatsapp soy de esos que habla muy poco, en la mayoría de las conversaciones no participo y me mantengo como espectador. A un año de haber salido, el grupo de mi generación de filosofía es un pueblo fantasma; hasta hace un tiempo, uno del grupo preguntaba con cierta frecuencia si alguien comería cerca de la escuela -lugar en el que ahora trabaja-, para evitar comer en soledad. Tres días seguidos nuestro compañero hizo la misma pegunta, todo hasta que otro le preguntó "¿A tus nuevos compañeritos ya les caga tu presencia o qué?"; el otro nunca más volvió a preguntar.


Y desde ese día, mi compañero de la carrera pasa los
días comiendo triste y solo.

Muchas personas catalogan a la soledad como algo negativo. Si pones "soledad" en el buscador de imágenes de Google salen imágenes tristes, con colores opacos o en escala de grises. La sociedad en general ve mejor a un individuo extrovertido que a un introvertido; de hecho, se toma a la extraversión como lo "normal", como el modo en que todos deberíamos ser.



La felicidad del hombre, pareciera, radica en estar siempre acompañado, en tener un millón de amigos para así más fuerte poder cantar -pun intended-; y resulta ser que al final la respuesta es "no exactamente". El tema es tratado por Kant en "la sociable insociabilidad" del hombre; y se relaciona con el "dilema del erizo" que desarrolla Schopenhauer -Wikipedia is your fucking friend-, os explico.

La sociable insociabilidad es una conflicto constante entre "yo" y los "otros", por decirlo de algún modo. El hombre más que saber que tiene que colaborar con los demás para tener una vida mejor, tiene una tendencia hacia ello. A veces tenemos conflictos internos cuando alguien nos pide ayuda, cuando nos piden donaciones a la cruz roja, cuando nos piden un favor; es elegir entre nosotros y los demás. Sin embargo, también refiere a la tensión que sentimos entre la soledad y la compañía; a veces queremos estar acompañados y otras veces preferimos seguir nuestro camino, estar solos.


La soledad genera tormentas eléctricas...

El dilema del erizo -tema que trata magistralmente Neon Genesis Evangelion- sigue más o menos los mismos pasos. En el frío invierno, los erizos necesitan estar juntos para generar calor; sin embargo, aunque generan más calor entre más juntos se encuentren, tanta cercanía provoca que mutuamente se entierren las espinas. El humano es igual, la completa soledad nos hace sentir mal, pero también la profunda intimidad con los otros; no aguantamos estar acompañados todo el tiempo, siempre llega un punto en que necesitamos tiempo para nosotros.

Es bueno tener alguien con quien comer, alguien con quien platicar, alguien con quien trabajar en equipo; pero es saludable disfrutarse también (y con ello no me refiero sólo a la paja, guarrillos). Me parece terrible que se piense de la soledad como algo triste, malo, de tonos grises; es la representación de una obsesión. El modo en el que es tomada la soledad revela una enfermiza dependencia en el otro. No sé, tal vez aprender a convivir con nosotros mismos nos ayude a nunca depender de otros para ser felices; mantendría un sano equilibrio en nuestras relaciones. Digo, sería una soberana pendejada de la humanidad que los únicos que aprecien la soledad sean los adolescentes adictos a la paja. ¡Hasta otra grumetes!







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